Evolución de la resistencia palestina: De levantamientos populares a la desobediencia global

con No hay comentarios

La resistencia palestina se estructura desde el Mandato Británico (1920-1948) mediante formas adaptativas frente a la represión colonial. El Gran Levantamiento Árabe (1936-1939) constituyó el primer episodio de movilización popular a gran escala, articulado a través de una larga huelga general, comités locales y redes comunitarias. La participación de las mujeres fue fundamental en este período, tanto en la organización social como en la logística, la transmisión de información y el sostenimiento de las comunidades en resistencia.

Tras la Nakba de 1948 y, posteriormente, con la ocupación militar iniciada en 1967, emergieron nuevas estrategias basadas en la supervivencia colectiva y en la autonomía económica. La agricultura, las cooperativas y el mantenimiento de la vida en el territorio se convirtieron en herramientas centrales de resistencia frente a la confiscación de tierras, asentando el principio del sumud (permanecer).

La organización en las cárceles israelíes fue otro eje clave: prisioneros políticos palestinos desarrollaron sistemas colectivos de educación, formación política y apoyo mutuo, convirtiendo los centros de detención en espacios de aprendizaje y producción intelectual, a pesar de las duras condiciones de reclusión.

La Primera Intifada (1987-1993) marcó un punto de inflexión metodológico al consolidar la desobediencia civil masiva. Comités populares de base organizaron boicots económicos, redes de autoxestión, atención sanitaria comunitaria y formas alternativas de educación tras lo cierre de escuelas por parte de las autoridades militares. Este levantamiento popular tuvo un fuerte impacto internacional y contribuyó a visibilizar la realidad de la ocupación más allá de la lucha armada.

No siglo XXI, la resistencia palestina se amplió hacia estrategias de presión global, destacando el movimiento de Boicot, Desinvestimentos y Sanciones (BDS), impulsado por la sociedad civil palestina desde 2005. Paralelamente, la resistencia cultural adquirió un papel central: proyectos de preservación de semillas tradicionales, memoria oral, archivos históricos y producción artística funcionan como herramientas para proteger el patrimonio, afirmar la identidad colectiva y desafiar la narrativa de la desaparición.

Las tecnologías digitales también transformaron las prácticas de denuncia y documentación. Plataformas de archivo, periodismo ciudadano y mapeo colaborativo permiten registrar violaciones de derechos humanos, preservar la memoria histórica y mantener redes de comunicación frente a la censura y a las restricciones de movilidad.

En conjunto, esta trayectoria histórica muestra que la resistencia palestina no se limita a la confrontación directa, sino que se fundamenta en la capacidad de construir alternativas sociales, económicas y culturales sostenibles, mismo bajo condiciones extremas de ocupación y control.