¡Ganar el  relato! Manual para combatir el discurso de ultraderecha. (IV). ¿Qué  hace que las personas queden bloqueadas o se dejen llevar?
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Ningún régimen totalitario se consolida únicamente por la fuerza. Lo hace también gracias a la capacidad de las masas para asumir como normal aquello que, tiempo atrás, parecía impensable. Las sociedades raramente cambian de forma abrupta. Incluso en los momentos de mayor transformación política, los comportamientos colectivos suelen responder a dinámicas previas de conformismo y adaptación. El ascenso de la ultraderecha constituye un ejemplo paradigmático de este fenómeno: el comportamiento gregario de las masas facilitó la aceptación progresiva de un régimen que se fue integrando en la vida cotidiana como una secuencia de pasos más que como una ruptura. Pero, ¿por qué sucede esto? ¿Por qué las personas se dejan llevar por el grupo?

Las personas son seres sociales que tienden a actuar, moverse o pensar en grupo, siguiendo las pautas de la mayoría, sin una planificación individual. Este comportamiento, heredado de su evolución como especie social, busca seguridad, pertenencia y reducción de la incertidumbre. Así pues, la aparición de fenómenos sociales de masas hace que las personas se comporten siguiendo las pautas del grupo simplemente porque «todo el mundo lo hace». Esto es lo que se conoce como comportamiento gregario y tiene un fundamento meramente adaptativo porque ahorra esfuerzo mental. Lo malo es que el pensamiento gregario bloquea el pensamiento crítico, pues delega las decisiones y la responsabilidad en el grupo. En esta misma línea actúa el sesgo de arrastre, que se caracteriza porque las personas adoptan las creencias, decisiones o comportamientos de la mayoría, incluso cuando su propia información o criterio les sugiere lo contrario. Así pues, el sesgo de arrastre neutraliza el miedo a equivocarse de las personas al tiempo que les da seguridad partiendo de la suposición de que la mayoría tiene más información o razón que ellas.

Esta situación, además, en el caso de los procesos de ultraderecha, se ve reforzada por otro sesgo psicológico denominado bandwagon, a través del cual una persona tiende a hacer algo, adoptar una idea o apoyar una opción simplemente porque mucha gente ya lo está haciendo. En este caso, la ultraderecha funciona como una «moda», por lo que este efecto hace que esa opción multiplique su popularidad simplemente porque ya es popular. El bandwagon tiene su origen en la política estadounidense del siglo XIX, cuando los candidatos ponían músicos en un carro (wagon) y animaban a la gente a «subirse al carro» durante los desfiles para apoyar al que iba a ganar. Este efecto se multiplica hoy a través de las redes sociales y las plataformas digitales que potencian esto con algoritmos que nos muestran lo que «es tendencia», creando un círculo vicioso: cuanta más gente lo ve, más visible se hace y, por tanto, más gente lo ve.

Al mismo tiempo que esto se produce, las personas van exponiéndose públicamente a unas ideas y, por tanto, van configurando esas ideas como parte de su identidad. Se perciben a sí mismas como parte de ese grupo y, al mismo tiempo, las demás también hacen lo propio. Cuanto más tiempo pasa una persona «vistiéndose» con esa idea, más se adhiere a ella y, por tanto, más le cuesta deshacerse o cambiar. Estando en este punto, las personas tienden a proteger y reforzar su identidad, por lo que cambiar les hace sentir «desnudas». Con el fin de ahorrar energía y reducir la incertidumbre, las personas «activan» el sesgo de confirmación, a través del cual tienden a buscar, interpretar, favorecer y recordar aquella información que confirma sus creencias, hipótesis o expectativas previas, mientras que, de forma simultánea, ignoran, desvalorizan u olvidan la información que las contradice. Este sesgo opera de manera inconsciente y se considera uno de los principales obstáculos para el desarrollo del pensamiento crítico, la toma de decisiones objetivas y el método científico, ya que puede llevar a sobreestimar la solidez de las propias creencias y a perpetuar estereotipos, prejuicios o teorías infundadas.