¡Ganar el relato! Manual para combatir el discurso de ultraderecha. (VII). ¿Puede provocarse un cambio del sentido común?
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Desde esta perspectiva se puede afirmar entonces que el sentido común no es un indicador de inteligencia o racionalidad, sino un indicador de pertenencia. La gente no cree en lo que cree porque sea cierto, sino porque su grupo le enseña a creerlo, y porque creer en ello es la forma más directa de seguir siendo un «nosotros». Por eso, cambiar el sentido común de una persona no es cuestión de darle mejores datos y lógicas; es cuestión de hacerle cambiar de grupo o de hacer que su grupo cambie de normas. La ultraderecha contemporánea ha entendido perfectamente que no se gana el poder convenciendo a la gente con razones y datos, sino dándole una nueva identidad, un nuevo grupo de pertenencia y un nuevo sentido común. No pide a los votantes que analicen los datos; les pide que se reconozcan en un «nosotros» que lucha contra un «ellos».

El concepto clave para crear esta transición y desplazar el sentido común de la mayoría social es la Ventana de Overton. Esta explica el mecanismo que describe el proceso gradual por el cual las ideas pasan de ser «inconcebibles» a convertirse en el «sentido común». La Ventana de Overton hace referencia a las posibles opiniones que una persona u organización puede expresar públicamente sin ser descalificada.

Así pues, la Ventana de Overton se representa gráficamente con un marco rectangular (el marco de la ventana, que representa el conjunto de ideas que, en ese momento concreto de la historia, son consideradas políticamente aceptables, discutibles y viables por la mayoría de la sociedad) que se desplaza lentamente a lo largo de una línea recta (una línea que representa el espectro de todas las ideas políticas posibles, desde las más «libres» hasta las más «autoritarias»). La clave de la teoría es que la ventana no es fija; se mueve. Las ideas que están dentro de la ventana son las que la clase política puede defender abiertamente sin ser sancionada socialmente. Las que están fuera son consideradas «radicales» o «impensables» y quien las defienda es visto como un extremista o un peligro social.

Overton dividió este espectro en seis categorías, por las que la ventana se mueve, que van desde la idea más rechazada hasta la más aceptada: inconcebible (ideas consideradas tan radicales o inaceptables que ni siquiera son discutidas puesto que mencionarlas es un suicidio social), radical (ideas que se discuten en círculos marginales, pero que la mayoría de la sociedad rechaza por peligrosas), aceptable (ideas con mucha controversia que empiezan a ser discutidas, pero que tampoco son populares), sensata (ideas que son vistas como prácticas y razonables), popular (ideas que son apoyadas por la mayoría de la población) y política de sentido común (ideas que se asumen como naturales y sobre las que no hay debate, pues son la base del consenso social).

El desplazamiento de la ventana hacia la derecha o hacia la izquierda no ocurre por casualidad, sino que el movimiento de esta es impulsado por agentes del cambio (think tanks, personas de la academia, medios de comunicación, activistas, movimientos sociales, líderes sociales, crisis o eventos desencadenantes…). Un error común es pensar que quienes mueven la ventana son la clase política, pero la realidad es que esta simplemente se sube a ella y se deja llevar, porque si un/una político/a defiende una idea que está fuera de la ventana, pierde votos, mientras que si la idea está dentro, el/la político/a puede apoyarla sin riesgo.

¿Y cómo se desplaza la ventana? Overton definió una secuencia de 5 pasos que describe cómo una idea transita desde la marginalidad hasta su implementación legal.

  1. De Impensable a Radical. El primer paso es introducir la idea en el debate público. Para ello, se utilizan estrategias como: defender la versión más extrema de la idea para captar la atención y desafiar las normas vigentes, generar pensamiento e investigación desde think tanks o ámbitos académicos para darle legitimidad, usar un lenguaje provocador o eufemismos que disfracen la naturaleza radical de la propuesta…

  2. De Radical a Aceptable. En esta fase, la idea empieza a ser discutida sin ser automáticamente rechazada. La estrategia se centra en: crear una coalición diversa de apoyos para amplificar el mensaje, utilizar la «técnica del pie en la puerta» (se defiende una versión más moderada de una idea o una política relacionada que sea más fácil de aceptar, para ir abriendo camino), estigmatizar a la oposición para silenciar las críticas…

  3. De Aceptable a Sensato. La idea se va asentando y empieza a ser vista como una solución práctica y razonable. Para lograrlo, las estrategias son: apelar a los valores y a la identidad del público presentando la idea como alineada con su «sentido común», personalizar el debate mostrando casos concretos de personas que se beneficiarían de la medida para generar empatía, normalizar la idea presentándola como un avance o una tendencia inevitable a través de los medios de comunicación y la cultura popular…

  4. De Sensato a Popular. A estas alturas, la idea ya cuenta con un amplio apoyo social. La clase política ve el tema como «seguro» y empieza a apoyarlo abiertamente. La estrategia principal en esta fase es demostrar que es la opinión mayoritaria, publicando encuestas y estudios que muestren su respaldo social.

  5. De Popular a Política. El objetivo final es su implementación como ley o política pública. Durante esta fase se presentan datos de opinión pública a los/las responsables políticos/as para demostrarles que apoyarla es un movimiento electoralmente inteligente, al tiempo que se utilizan todas las canales posibles para mantener la presión y la visibilidad, forzando a quienes legislan a actuar.

La Ventana de Overton simplemente nos hace conscientes de que lo que actualmente consideramos «normal» y «sensato» es el resultado de una larga batalla cultural, y que lo que hoy consideramos «extremista» puede ser la ley del mañana si los agentes adecuados consiguen desplazar la ventana. La ultraderecha no gana porque haya una tendencia «natural» inevitable; gana porque, durante demasiado tiempo, el resto de fuerzas asumieron que el sentido común era algo consolidado y no dieron la batalla cultural. No posicionarse ante el desplazamiento de la ventana es, en la práctica, facilitar su movimiento. No hay neutralidad posible, pues cada idea que no se combate o que se desatiende es un paso más del desplazamiento del sentido común hacia el marco de la ultraderecha.