
Empresas tecnológicas globales sostienen estructuras de opresión en Palestina mediante contratos millonarios con Israel. Meta (USA), Google (USA), Microsoft (USA), Amazon (USA), y NSO Group (Israel) se destacan por financiar, facilitar infraestructura, datos, software de análisis o servicios de nube para poder hacer posible a localización, selección y seguimiento de personas. Esto convierte a estas corporaciones en actores clave directos de la violencia estatal pues facilitan las violaciones sistemáticas de derechos humanos.
Meta promueve asimetría en la moderación de contenido: entre 2021 y 2023, eliminó el 90% de las publicaciones propalestina en Instagram, mientras permitía la difusión del discurso de odio en favor del genocidio israelí. Esta censura se alinea con la estrategia israelí de silenciar testimonios sobre crímenes de guerra en Gaza. Además fue acusada de compartir datos con autoridades israelíes lo que contribuyó a la persecución digital y a la localización de activistas.
Google junto a Amazon mediante contratos como el Proyecto Nimbus (1.200 millones de dólares desde 2021), suministra inteligencia artificial al ejército israelí para que pueda mapear ataques específicos en Gaza. Investigaciones independientes (The Intercept) muestran que datos de localización de Google Photos fueron empleadas para seleccionar objetivos en bombardeos en 2023, convirtiendo a los/a las usuarixs en cómplices involuntarixs.
En lo referente a Microsoft la trasnacional estadounidense mantiene contratos con el gobierno y con el ejército israelí para infraestructuras digitales, almacenamiento de datos y software. Además diversas investigaciones apuntan la que sus servicios están siendo empleados por agencias de seguridad israelíes para gestionar bases de datos y desarrollar seguimiento de personas en general, y activistas en particular.
La empresa NSO Group juega un papel clave en los procesos de represión. Su software Pegasus espía a periodistas y activistas que defienden el respeto de los derechos humanos en Palestina desde 2016. Además hay docenas de casos documentados de espionaje de personas que forman parte de estructuras de respuesta social en diferentes estados, pues NSO Group trabaja de manera central espiando y desarticulando redes de solidaridad.
En conjunto, estas corporaciones no solo actúan como proveedoras neutrales de tecnología, sino como beneficiarias económicas directas del genocidio palestino, obteniendo un lucro extraordinario a partir de la guerra, de la ocupación y de la vigilancia masiva. Cada contrato, cada servicio de nube, cada sistema de análisis de datos se traduce en ingresos crecientes, expansión de mercado y validación de sus tecnologías en condiciones reales de guerra, que luego son exportadas globalmente la otros estados como “soluciones de seguridad”. Así, además, bajo eufemismos como «seguridad digital» o “desarrollo tecnológico”, el sufrimiento palestino se convierte en un laboratorio y en un negocio, revelando que el apartheid digital no es un efecto colateral del capitalismo tecnológico, sino una de sus expresiones más brutales y rentables.