La dependencia personal o institucional de las herramientas tecnológicas de corporaciones como Google y Microsoft constituye una amenaza estructural que trasciende la privacidad individual. Estas empresas operan mediante modelos extractivos que mercantilizan datos personales, restringen la interoperabilidad y crean dependencia mediante el confinamiento propietario o “vendor lock-in”, que hace prácticamente imposible cambiar a otro proveedor de servicios.
Cuando se utiliza software privativo, se cede el control sobre información sensible. Las actualizaciones impuestas modifican funcionalidades sin consentimiento, los algoritmos manipulan conductas y las brechas de seguridad exponen datos a terceros.
La soberanía tecnológica se entiende como el derecho de las personas a controlar las herramientas y datos que generan en el ámbito digital, sin depender de corporaciones o gobiernos. En el contexto actual, donde la vigilancia masiva y la comercialización de datos personales son prácticas sistémicas, se reivindica como un pilar estratégico para el activismo anticapitalista. La privacidad no es un lujo sino un requisito para la acción política libre y segura. La soberanía tecnológica ofrece un marco de resistencia basado en cuatro pilares: software libre, descentralización, control comunitario y ética en el tratamiento de datos.
¿Por qué abandonar las Big Tech? Tres ejemplos:
- Minería de datos: Google procesa 8.500 millones de búsquedas diarias, construyendo perfiles comportamentales vendibles a anunciantes o actores de ética dudosa.
- Monopolización técnica: Microsoft impone formatos propietarios (.docx, .xlsx) que obligan al uso de sus herramientas de manera exclusiva.
- Vigilancia institucionalizada: Documentos del caso PRISM revelaron cómo Apple y Facebook facilitaron acceso masivo a comunicaciones privadas a agencias de inteligencia occidentales.
Este modelo no sólo vulnera derechos digitales, sino que alimenta estructuras capitalistas con un poder que escapa a las regulaciones y al control democrático.
Alternativas prácticas:
Muchas herramientas digitales cotidianas pueden sustituirse por opciones libres y respetuosas con la privacidad: sistemas operativos (GNU/Linux), suites ofimáticas (LibreOffice), aplicaciones de mensajería (Signal), etc.
Implicación colectiva:
La migración a software libre es un acto político que fortalece comunidades y reduce dependencias corporativas. Iniciativas como hacklabs locales ofrecen soporte técnico mutuo.
ECOAR))) organiza formaciones periódicas sobre migración a distribuciones de GNU/Linux, seguridad básica y privacidad para activistas. Sigue nuestras redes para próximas ediciones.
Cada herramienta sustituida es un acto de resistencia que redistribuye el poder tecnológico. La emancipación digital se construye con elecciones cotidianas y apoyo mutuo.