Learned helplessness is a concept originally developed in psychology to explain how individuals who are repeatedly exposed to situations of pain, failure, or lack of control come to internalize the belief that any attempt at change is futile. Even when objective conditions shift and real opportunities for intervention emerge, this learned sense of powerlessness can inhibit action—not due to material incapacity, but because of expectations of failure that have been internalized over time.
This mechanism is not confined to the individual level; it can also extend to the social sphere. Entire communities may come to perceive certain power relations as natural or immutable, turning powerlessness into a structural element of collective life. Within social movements, this dynamic becomes evident when activists or organized collectives, after sustained exposure to repression or invisibilization, internalize the presumed impossibility of transforming oppressive structures. As a result, individual and collective confidence is eroded, the capacity for coordinated action is weakened, and dynamics of political paralysis emerge even in contexts where meaningful action remains materially possible.
Un ejemplo histórico real de esta dinámica es el movimiento Solidarity en Polonia durante la década de 1980. Fundado en los astilleros de Gdańsk y liderado por Lech Wałęsa, movilizó alrededor de 10 millones de personas entre trabajadores, estudiantes y sectores civiles, convirtiéndose en una fuerza masiva de oposición al régimen comunista. La imposición de la ley marcial en 1981, con la detención de líderes y la ilegalización del movimiento, no acabó con su acción; Solidarity continuó en clandestinidad y demostró que la resiliencia no depende solo de la fuerza física, sino de la capacidad de transformar la frustración y la represión en estrategias sostenibles de acción colectiva. Su experiencia destaca la importancia de estructuras autónomas, comunicación horizontal y microacciones continuadas que mantienen viva la lucha incluso en los momentos de mayor presión.
Para contrarrestar la indefensión aprendida, las experiencias de activismo contemporáneo apuntan a tres líneas fundamentales:
- Autorrefuerzo colectivo: implementar prácticas de autoevaluación y reconocer las victorias parciales como pasos hacia la transformación social.
- Desplazamiento cognitivo: recontextualizar la represión o el fracaso como confirmación de la efectividad de la acción; como dice el principio zapatista: “Si nos reprimen, es porque estamos haciendo algo que importa”.
- Infraestructuras de sostenimiento: crear redes de apoyo emocional y material que permitan mantener la acción colectiva incluso bajo presión. Un ejemplo concreto es la Burla Negra, una iniciativa abierta de Pepa Loba que funciona como caja de resistencia y solidaridad, proporcionando apoyo para que activistas puedan afrontar circunstancias adversas derivadas de su acción.
La historia y la práctica muestran que superar la indefensión implica ver la resistencia como un proceso acumulativo y no lineal, donde cada acción —aunque pequeña o invisible— contribuye a los cimientos de una transformación radical.