El término «fascismo» proviene del latín fasces, que designaba en la antigua Roma un haz de varas atado alrededor de un hacha. Este símbolo representaba la autoridad y el poder de los magistrados para castigar a la ciudadanía, así como la fuerza que nace de la unidad: una vara se rompe con facilidad, pero un haz resulta inquebrantable. El italiano fascio (haz) dio nombre a los «Fasci di Combattimento», que Benito Mussolini fundó en Milán el 23 de marzo de 1919, recuperando deliberadamente ese símbolo de poder y cohesión.
El fascismo como fenómeno político nace en el contexto de crisis posterior a la Primera Guerra Mundial. Italia, a pesar de salir victoriosa, enfrentaba parálisis económica, alto desempleo y frustración por la llamada «victoria mutilada» (el incumplimiento de las promesas territoriales aliadas). El miedo de la burguesía a una revolución comunista como la rusa, sumado al descrédito del Estado liberal, creó el terreno propicio para que Mussolini, un antiguo socialista convertido al ultranacionalismo, prometiera orden y renacimiento nacional.
El movimiento creció gracias a la violencia de sus «squadre d’azione» (escuadras de acción). Estos grupos, también llamados “camisas negras”, estaban formados por militantes fascistas que empleaban la violencia para intimidar, atacar y eliminar opositores políticos, especialmente socialistas, comunistas y sindicalistas. Aunque sus inicios se encuentran en las llanuras del Po, financiadas por grandes propietarios agrícolas para aplastar las huelgas campesinas, será con la Marcha sobre Roma en 1922 cuando los escuadristas alcanzarán notoriedad estatal e internacional.
Sin embargo, las raíces ideológicas del fascismo son anteriores al siglo XX, en lo que se denomina protofascismo. A lo largo del siglo XIX, diversos pensadores construyeron los cimientos sobre los que posteriormente se alzaría Mussolini. Entre ellos destacan Joseph de Maistre (defensa de la jerarquía divina y la violencia como orden social), Charles Maurras (nacionalismo autoritario) y Houston Stewart Chamberlain (racismo ario).
También Georges Sorel (reivindicación de la violencia como fuerza regeneradora) y Friedrich Nietzsche (crítica a la moral cristiana y exaltación de la voluntad de poder) fueron referentes para la estética fascista. En Alemania, figuras como Paul de Lagarde y Julius Langbehn eran, según el historiador John Weiss, “indistinguibles de los ideólogos nazis” al predicar el darwinismo racial y la eliminación de personas consideradas inferiores. En Italia, el poeta Gabriele D’Annunzio encarnó el protofascismo con la ocupación de la ciudad de Fiume en 1919, estableciendo un gobierno de estilo teatral, con rituales, uniformes y discursos incendiarios que Mussolini acabaría incorporando.
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A crise en Ceuta. Parte I: a crise humanitaria - Campañas ECOAR)))
[…] fascismo atopa hoxe un rexurdimento grazas a figuras da extrema dereita como as de Alvise Pérez ou grupos […]
The crisis in Ceuta. Part I: the humanitarian crisis - Campañas ECOAR)))
[…] Fascism is experiencing a resurgence today thanks to far-right figures such as Alvise Pérez or groups like Núcleo Nacional, who try to capitalize on social discontent by fueling hatred and racism through speeches that blame migrants for the worsening living conditions of the population. This strategy, amplified by major media outlets, diverts attention from the true causes of inequality and the loss of rights, perpetuating the idea that vulnerable people are a threat. Citizens must become aware of the irresponsible actions of communicators and the media these days. By giving a voice to or acting as spokespersons for discourses that dehumanize migrants, they are, on the one hand, inciting a segment of the population to attack these people and, on the other, fostering an environment where these attacks are not condemned. […]
La crisis en Ceuta. Parte I: la crisis humanitaria - Campañas ECOAR)))
[…] fascismo encuentra hoy un resurgimiento gracias a figuras de la extrema derecha como las de Alvise Pérez o […]