La herencia del imperialismo condiciona el presente. La comprensión de su evolución es una herramienta necesaria para analizar las tensiones geopolíticas y económicas del siglo XXI. Un recorrido cronológico revela cómo las dinámicas de dominación se adaptaron a los tiempos. La Conferencia de Berlín (1884-1885) fue uno de los grandes acontecimientos de la historia contemporánea, marcando la división del globo en esferas de influencia y el reparto del continente africano. Bajo la justificación del darwinismo social y el paternalismo civilizador, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Portugal, el Estado Español y el rey belga Leopoldo II obtuvieron territorios en África, mientras que ninguna representación africana estuvo presente en las negociaciones. Este proceso constituyó la última y más intensa fase de colonización, consolidando el dominio europeo, japonés y estadounidense sobre la mayor parte del mundo. La expansión imperialista del siglo XIX no solo fue económica y política, sino también cultural, generando una nueva conciencia nacionalista amparada en corrientes pseudocientíficas. La explotación de los recursos naturales y la introducción de fronteras artificiales, ajenas a las realidades étnicas, sentaron las bases de conflictos posteriores. Para explicar este fenómeno, surgieron análisis teóricos que sitúan la explotación económica en el centro de la dinámica imperialista.
La Primera Guerra Mundial supuso la primera gran fractura del sistema imperial, al evidenciar las rivalidades interimperiales que el propio sistema había generado. Tras la Segunda Guerra Mundial, el mapa político mundial experimentó una transformación profunda con el inicio de la descolonización. Entre 1945 y 1960, tres docenas de nuevos estados en Asia y África alcanzaron la autonomía o la independencia total de sus gobernantes coloniales europeos. Un hito fundamental fue la aprobación de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 14 de diciembre de 1960. Esta resolución, considerada la Carta Magna de la descolonización, proclamó el derecho de todos los pueblos a la libre determinación y señaló que la falta de preparación política, económica, social o educativa no debería servir nunca de pretexto para retrasar la independencia. A partir de esta Declaración, las aspiraciones de más de 50 pueblos sometidos al dominio colonial se hicieron realidad.
Sin embargo, la independencia política formal no implicó el fin de las relaciones de dominación. Surgió entonces el neocolonialismo, definido como una nueva forma de colonia que se basa en la dependencia económica, política, cultural e ideológica de un país con respecto a otro. A diferencia del colonialismo tradicional, el país neocolonizado no está ocupado físicamente por fuerzas del país dominante; existe una independencia política oficial, pero se mantienen otros métodos indirectos para garantizar la dependencia (Banco Mundial, FMI, OMC…). Estos mecanismos incluyen el apoyo a élites políticas locales y la influencia a través de instituciones financieras internacionales.
La deuda sigue siendo un elemento abrumador para muchos países del Sur Global, que de media destinan el 48% de su presupuesto al pago de deuda e intereses, un importe que supera la inversión en salud, educación y desarrollo social. Según un informe de «Oxfam», el 77% de la riqueza mundial se concentra en el Norte Global, pese a que estos países representan solo una quinta parte de la población mundial. El análisis de esta evolución histórica permite comprender que el imperialismo es una realidad que sigue moldeando las relaciones internacionales y generando desigualdad a nivel global.
En el siglo XXI, el imperialismo ha adoptado nuevas formas sin perder su esencia. El informe «Estado del Poder 2025» del «Transnational Institute» analiza si el imperialismo estadounidense llega a su fin y si comienza un imperio chino. La rivalidad entre ambas potencias se manifiesta en una competencia por el control de recursos, mercados y redes mundiales. La dominación ya no se ejerce únicamente sobre territorios físicos, sino también en el espacio digital y en las cadenas de suministro globales, configurando un escenario de esferas de influencia renovadas.
Fuentes
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Madueño Álvarez, Miguel. (2025). La conferencia de Berlín: De la colonización de África al reparto del mundo (1870-1914). Ediciones Trea. https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=1005827
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Smith, Bonnie G. (2000). Imperialismo: Una historia en documentos [Imperialism: A History in Documents]. Oxford University Press. https://global.oup.com/ushe/product/imperialism-9780195108019
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Naciones Unidas. (1960). Resolución 1514 (XV): Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/declaration-granting-independence-colonial-countries-and-peoples
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Oxfam. (2025). El saqueo continúa: Pobreza y desigualdad extrema, la herencia del colonialismo. https://www.sar.gob.hn/2025/03/oxfam-la-mayor-parte-de-la-riqueza-de-los-milmillonarios-es-fruto-del-saqueo-no-del-esfuerzo/
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Transnational Institute. (2025). Geopolítica del capitalismo. Estado del Poder 2025. https://www.tni.org/es/publicación/geopolitica-del-capitalismo
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Said, Edward. Orientalismo [Orientalism]. (Citado en Semantic Scholar). https://www.semanticscholar.org/author/Said-den-Ursprüngen/122417056
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Nkrumah, Kwame. (1965). Neocolonialismo: La última etapa del imperialismo [Neo-Colonialism: The Last Stage of Imperialism]. (Citado en The Encyclopedia of Empire). https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/9781118455074.wbeoe087