La película “Diaz: No limpiéis esta sangre” (2012), dirigida por Daniele Vicari, reconstruye un episodio clave de la memoria política reciente europea: la represión policial durante la cumbre del G8 en Génova. Se trata de una obra centrada en la violencia institucional y el encubrimiento de los hechos ocurridos en la Escuela Armando Díaz.
El contexto histórico se sitúa en julio de 2001, durante la contracumbre del G8 en Génova, cuando miles de personas se movilizaron contra el modelo neoliberal global. El asalto a la escuela durante la noche del 21 al 22 de julio se convirtió en un símbolo de la brutalidad policial, con decenas de personas heridas de gravedad y una víctima en coma, en un clima de fuerte tensión política y social en el Estado italiano y en Europa.
La película narra de forma coral lo ocurrido en el interior de la Escuela Díaz, donde dormían alrededor de 90 activistas y periodistas. Más de 300 agentes policiales entraron en el edificio en una operación que derivó en palizas, detenciones arbitrarias y destrucción de pruebas, según recogen posteriormente diversas sentencias judiciales. La historia se presenta como una reconstrucción basada en testimonios reales y documentos procesales de lo que se considera una de las mayores violaciones de derechos humanos desde la Segunda Guerra Mundial en un país occidental.
A nivel narrativo, la obra emplea personajes inspirados en personas reales: periodistas, activistas, abogadas y miembros de las fuerzas de seguridad. Esta estructura coral y fragmentada permite mostrar distintas perspectivas del acontecimiento, apoyada en miles de páginas de sumarios y cientos de horas de grabaciones. El objetivo es lograr una representación lo más fiel posible de los hechos.
En la producción, la película fue una coproducción italo-franco-rumana estrenada en el Festival de Berlín de 2012. Su impacto político se reforzó en un contexto marcado por la Primavera Árabe, el movimiento Occupy y los “indignados”, generando debate sobre los límites de la represión policial en las democracias contemporáneas. El director reconoció la dificultad emocional de abordar un material tan violento sin caer en la espectacularización.