El nacimiento, desarrollo y expansión de las grandes corporaciones, que llevan en su ADN el desprecio por los derechos humanos y por el medio ambiente, constituye el motor que mueve el consumo actual. El cortometraje ensayo/documental ‘Ilha das Flores’ (1989), dirigido por el cineasta brasileño Jorge Furtado, materializa esta crítica a través del recorrido de un simple tomate hasta un vertedero en Porto Alegre. En 13 minutos, la obra convierte la cadena de producción, distribución y consumo en una metáfora descarnada del capitalismo y de las desigualdades sociales que genera.
Así, la película emplea un lenguaje casi científico y un narrador en off que explica con ironía y monotonía el funcionamiento de, entre otras, la economía actual.
Todo comienza en la huerta del señor Suzuki, donde el tomate crece y se recoge para ser vendido a un supermercado. Es allí donde doña Anete adquiere algunos tomates junto con carne de cerdo. Pero considera inadecuado para el plato a uno de los tomates y este termina en la basura, junto con el resto de los desperdicios de la cocina.
Esa basura viaja hasta la ‘Ilha das Flores’, un vertedero real situado en Porto Alegre. En el vertedero seleccionan los restos orgánicos que aún sirven para alimentar a los cerdos; lo que consideran que no es apto para los cerdos, se lo ofrecen a mujeres y niñas.
La voz en off define al ser humano como un organismo con cerebro altamente desarrollado y pulgar oponible, pero concluye que, dentro del sistema, quien carece de dinero queda excluido de toda preferencia, situándose en inferioridad a otros animales.
La producción fue galardonada con múltiples premios, y fue elegida como uno de los cien cortometrajes más importantes del siglo.
El contexto histórico en el que surge el filme no es casual. Brasil vivía en 1989 los primeros pasos de la redemocratización tras la dictadura militar (1964‑1985), con una Constitución reciente (1988) y unas primeras elecciones presidenciales directas que se celebrarían ese mismo año. La hiperinflación dificultaba el acceso a bienes de primera necesidad y la desigualdad social alcanzaba extremos. Furtado rodó el filme en 1988, cuando Porto Alegre comenzaba a implantar la recogida selectiva de basura, y ese nuevo interés por la gestión de los residuos lo llevó a descubrir la situación de los habitantes del vertedero.
El propio realizador reconoció que el guion está inspirado en sus lecturas de Kurt Vonnegut (‘Breakfast of Champions’) y en el cine de Alain Resnais (‘Mon Oncle d’Amérique’), de los que toma la ironía, el distanciamiento narrativo y la reflexión sobre la condición humana.
De manera irónica pero devastadora, el cortometraje invita a reflexionar sobre la condición humana, el ciclo económico y las cadenas de suministro, la desigualdad estructural e incluso el especismo. La respuesta, amarga y contundente, se convierte en una lección ética que aún resuena con toda su vigencia.
Link: https://www.youtube.com/watch?v=-qUTBXYFWJA&list=PLv6v7MRnxHNMDXqZd2niNVeXuSdkfMPKr&index=5
