«Lucho sin esperanza y, precisamente por eso, es seguro que jamás desertaré.» Quizás pocas frases definan tan bien la manera de entender la política y la transformación social de Xosé Manuel Beiras.
Para Beiras, la esperanza no era una espera. Era una fuerza capaz de poner en movimiento a las personas, de convertirlas en sujetos de su propia historia y de abrir posibilidades allí donde parecía que solo había resignación.
Hoy queremos despedir a una de las voces más lúcidas e influyentes del nacionalismo gallego, un intelectual que hizo de la defensa de la soberanía, de la justicia social y de la capacidad de los pueblos para decidir sobre su propio futuro una parte inseparable de su pensamiento y de su práctica política.
Tuvimos la suerte de compartir con él un espacio en Ágora-R, las jornadas de ECOAR. Y sentimos que había, y sigue habiendo, una profunda afinidad en la manera de entender la lucha social: como un proceso colectivo, como la capacidad de organizarnos y de disputar las relaciones de poder.
Porque la esperanza no consiste en esperar a que el poder ceda, sino en construir la fuerza social capaz de obligarlo a ceder.
Y ahí está, quizás, el sentido más profundo de aquella frase: no hace falta tener esperanza para luchar. A veces, es la propia lucha la que crea la esperanza. No la esperanza de que todo vaya a salir bien, sino la certeza de que aquello que existe no es lo único posible. La lucha es la vida defendiéndose a sí misma, negándose a aceptar como inevitable aquello que la oprime y abriendo, en la acción colectiva, la posibilidad de que el futuro sea diferente.
Esa era también la esperanza de Beiras: una esperanza que no mira desde fuera, que no espera soluciones, que se organiza. Una esperanza que entiende que la historia no está escrita de antemano y que aquello que hoy parece inevitable puede dejar de serlo cuando alguien decide intervenir.
Por eso hoy queremos despedirlo no solo desde la memoria, sino también desde el compromiso de continuar construyendo esa fuerza colectiva.
Gracias, Beiras, por compartir con nosotros esa esperanza.
Que la tierra te sea leve, compañero.
La lucha continúa.