El ocio no es un territorio neutral. Desde comienzos del siglo XX, los juegos de mesa han funcionado como espacio de disputa ideológica, en el que se modelan comportamientos económicos y sociales. La actual corriente de juegos de resistencia recupera una tradición olvidada: emplear dados y cartas no para acumular capital ficticio, sino para construir imaginarios sociales (es decir, formas de organizar e interpretar la realidad) basados en el bien común y la solidaridad.
El origen de este movimiento se encuentra en el trabajo de la diseñadora estadounidense Elizabeth Magie, quien en 1903 patentó The Landlord’s Game. Lejos de ser un simple pasatiempo, su creación incluía dos conjuntos de reglas: uno competitivo (que mostraba cómo el monopolio arruina a la mayoría) y otro cooperativo, en el que todas las personas jugadoras se beneficiaban del desarrollo del tablero. El contexto de la Era Progresista en Estados Unidos, marcado por las tensiones contra los grandes monopolios, explica la vocación pedagógica del juego. Sin embargo, la versión que se popularizó durante la Gran Depresión fue la competitiva, comercializada por Parker Brothers como Monopoly, tras adquirir los derechos a Magie por una cantidad simbólica.
Esta apropiación de la crítica por el mercado no detuvo la aparición de alternativas. Durante la Guerra Fría, el profesor universitario Bertell Ollman lanzó en 1978 Class Struggle, un juego en el que la clase social de la persona jugadora venía determinada por el azar del dado al nacer y en el que la clase trabajadora se enfrentaba a la capitalista en un tablero con referencias marxistas. La obra vendió más de doscientas mil copias, pese a los boicots, lo que demuestra la existencia de un público interesado en narrativas lúdicas alternativas a las hegemónicas.
En el siglo XXI se ha producido una mayor sofisticación de las mecánicas. Bloc by Bloc: The Insurrection Game, creado por Rocket Lee y Tim Simons tras los disturbios de Oakland de 2009, simula la autoorganización vecinal frente a la brutalidad policial y la gentrificación. El juego exige coordinación entre facciones asimétricas (estudiantado, clase trabajadora y personas presas) para liberar la ciudad, incorporando tensiones internas que reflejan debates reales de los movimientos sociales. Por su parte, Rise Up! The Game of People & Power apuesta por una estrategia narrativa cooperativa para construir poder popular frente a un sistema opresor abstracto.
Estas propuestas comparten un objetivo común: cuestionar el individualismo competitivo interiorizado a través del ocio de masas. Al modificar las condiciones de victoria (de la ruina de la persona rival al bienestar colectivo), estos juegos invitan a ensayar estrategias de ayuda mutua en un espacio seguro. La experiencia lúdica se convierte así en un laboratorio donde experimentar que la prosperidad solo es posible si es compartida.
En un momento en el que la gamificación se emplea a menudo para aumentar la productividad laboral o fomentar el consumo, estos juegos proponen jugar para imaginar otros mundos y otras formas de convivencia.
Fuentes
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Waging Non Violence (People Powered News & Analysis) (2028). 7 resistance-themed board games to strengthen your injustice-fighting skills. https://wagingnonviolence.org/2018/03/7-resistance-themed-board-games/
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Mujeres con Ciencia. Elizabeth Magie Phillips (1866-1948) .https://mujeresconciencia.com/2017/04/14/elizabeth-magie-phillips-1866-1948/
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The Guardian (2015). The secret history of Monopoly: the capitalist board game’s leftwing origins. https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2015/apr/11/secret-history-monopoly-capitalist-board-game-leftwing-origins
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Out of Order Games (2016). Bloc by Bloc: The Insurrection Game. https://www.outofordergames.com/blocbybloc/
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BoardGameGeek (2017). Rise Up! The Game of People & Power. https://boardgamegeek.com/boardgame/228478/rise-up-game-people-power
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BoardGameGeek (1978). Class Struggle. https://boardgamegeek.com/boardgame/1510/class-struggle